Hoy celebramos el Día Nacional del y la Dirigenta

agosto 7, 2020 3:33 pm

Hoy, por un lado se conmemora la fecha en la que las asociaciones vecinales y sus cuerpos dirigentes fueron reconocidos, ya que el día 7 de agosto de 1968 se promulgó la ley que reconoció legalmente a las juntas de vecines en Chile; y por otro lado se aprovecha para visibilizar la gran labor sin ánimo de lucro que llevan a cabo día a día muchas personas para y por sus comunidades.

Desde la oficina queríamos celebrar este día de manera especial, ya que nos sentimos terriblemente privilegiades de poder trabajar con personas tan decididas, honestas y ejemplares, que no sólo trabajan en pos de la búsqueda o mejora de vivienda digna -donde encontraríamos nuestra instancia de apoyo y ayuda- sino en todo lo concerniente al desarrollo comunitario, como el apoyo al empleo, la creación de deportes comunitarios y la defensa de la cultura identitaria de cada junta vecinal, entre otros ejemplos.

Durante esta semana hemos narrado en nuestras redes sociales la historia de cuatro de las mujeres que lideran nuestras comunidades amigas, pero la cifra podría haber sido mucho más alta puesto que todas las juntas vecinales y todas las personas que las dirigen tienen historias potentes que visibilizar.

Les compartimos estas cuatro experiencias nacidas bajo una reflexión: ¿qué significa ser dirigente social?



La primera historia pertenece a Lorena Arcos, dirigenta del Comité Los Emprendedores en Peñalolén. A Lorena en su tiempo libre le gusta hacer deporte, siendo sus favoritos trotar y jugar con sus hijes Vannia y Renato. También le gusta dedicar tiempo a su pareja Bernardo y a su papá y su mamá, a quienes ama mucho. En estos tiempos de confinamiento, nos cuenta que tejer y el recurrido Netflix han sido su salvación.

LA: Empecé esta aventura con los chicos de Verde Azul durante nuestro primer proyecto. Ahí conocí a Felipe [Araya], a Camila [Barreau], a Leslie y a Adrien [Quisefit], un francés muy simpático. Yo empecé siendo secretaria, y mi hermano era el presidente en este tiempo. Por algunos desencuentros que tuvo la dirigencia con la constructora tuve que tomar el liderazgo, ya que me di cuenta que era rebuena para solucionar conflictos y tenía un liderazgo innato del que no me había dado cuenta hasta ese momento, en el que tuve que tomar las riendas de ese asunto.

Mi experiencia como dirigenta me ha traído más cosas positivas que negativas. Las negativas siempre se presentan a la hora de trabajar la obra, o si aparece algún vecino conflictivo. Como digo, tengo resolución de conflictos y el don de la palabra, lo trato de solucionar lo más rápido posible y que sea conveniente para ambas partes. De lo positivo, diría que he conocido gente maravillosa, empezando por los chicos de la oficina, que nos llevamos bien, con el Felipe [Araya] me conozco desde hace años y nunca hemos perdido el contacto desde el primer proyecto que hicimos juntos hasta ahora, y espero que sean muchos más si Dios lo permite. También me ha llevado a conocer a mis vecinos de alrededores, que antes no conocía y no hablaba con ellos, y ahora los conozco y sé que son personas agradables, que confían en mí, han depositado su confianza en mí y esto ha sido una experiencia linda.

También he conocido otro rubro, el de los proyectos constructivos, antes si me hablaban de un maestro no entendía nada, ahora llevo muchas obras en el cuerpo y me manejo. Así me han catalogado también mis vecinos y he tenido que hacer otros proyectos trabajando a la par con la municipalidad para embellecer nuestro entorno.

Por tanto mi experiencia como dirigenta social ha sido positiva, bonita, a veces muy vapuleada, porque la gente dice que es revoltosa, pero yo me considero una dirigente social proactiva a quien no le gustan los conflictos, creo que se gasta mucha energía en hacer problemas y no solucionarlos. Me gusta más solucionar que ocasionarlos. Me gusta por todo esto ser dirigenta social, y estoy contenta porque la vida me llevó a serlo, enseñándome a ver mis cualidades.

La segunda narrativa responde a la experiencia de Patricia Medina, dirigenta de la población La Bandera, en San Ramón.

Patricia dejó hace cinco años de trabajar, pero lleva toda la vida ejerciendo un rol de liderazgo social, rol que aún ocupa. Ella tiene una gran familia con cuatro hijes y muches nietes: cuando está desocupada le gusta tejer chalecos para elles, empieza con el más grande hasta llegar al más chico.

PMe: Ser dirigenta una lo lleva en la sangre, porque yo tengo mucha familia que han sido dirigentes, mucho antes de que yo naciera. Mi tía abuela vino a caballo de la novena región en una lucha por la implementación de las salas cuna, después tengo un hermano que fue quien participó en las tomas del año 68 de la población Veintiséis de Enero, de aquí de La Bandera. Así que yo creo una lo lleva en el ADN, esto de querer contribuir a mejorar un poco la vida de sus vecinos, a veces me digo que no voy a hacer nada más, pero al ratito ya estoy pensando en algún nuevo proyecto para mejorar las cosas.

Para mí ser dirigenta ha sido de dulce y agrio, porque esta población es bien complicada. Hay mucha gente que arrienda sus departamentos, y las personas arrendatarias no es muy colaboradora en las gestiones que una hace. Pero yo igual he podido ponerle empeño, perseverancia para lograr algunas cosas. En este momento, por ejemplo, tenemos una olla común. Nos ha costado mucho conseguir las donaciones, es penoso porque a veces no alcanza a los 250 almuerzos que se necesita, y éste es uno de los más grandes dolores que podemos tener como dirigentes: en momentos angustiantes para las personas, no poder servir a todas. Muchos vecinos de los departamentos están yendo a las ollas a buscar sus almuerzos.

Siempre una quisiera hacer más cosas, pero cuesta mucho conseguir los recursos para los proyectos, y más al tener aquí en San Ramón tan poca colaboración de la alcaldía. Sin este apoyo en muchas épocas diferentes, he luchado por arreglar edificios que se llovían, y logramos cambiar casi todos los block salvo dos o tres, aquellos con demasiados arrendatarios en los que faltaron documentos para completar las postulaciones. Este hecho me ha dado algunas alegrías grandes por haber completado los proyectos de mis vecinos, y me siento gratificada por haber podido mejorar la calidad de vida de muchas familias al mejorarles sus casas, contribuyendo a mejorar los edificios por último.

Dentro de todo, debo decir que personalmente ha sido un trabajo arduo, pero con sus alegrías cuando hemos logrado concretar algo. Sus costos, hasta familiares, son duros: mis hijos no quieren que yo siga en el tema, y eso me da algunas dificultades. Mis hijos tienen sus buenas situaciones y no viven conmigo, pero siempre están preocupados, sobre todo ahora en la pandemia: no quieren que salga mucho a la calle. Me han ayudado comprándome cajas de alimentos para las ollas, pero las donaciones están ahora muy escasas.

Como le contaba, y en las fotos que le he mandado de hace tantos años, he tenido algunas alegrías repartiendo los vales de gas, salió una señora y me mostró una pepona, una muñeca, y me dijo: “mire señora Patricia, todavía guardo la muñeca que ustedes construyeron en los comités de navidad, donde hacían juguetes pues no había plata para comprarlos. Para mí fue tan lindo recibir esta muñeca” y me la mostró en la misma bolsa de nylon en la que se la entregamos.

La última foto que le mandé es del año 87 u 88, de antes del Plesbicito, y muchas de estas personas fallecieron. Ese niño que aparece ahí, con la cabecita sonriendo, es mi hijo menor, con 7, y ahora es químico farmacéutico y tiene un doctorado en Microbiología, y ha estado trabajando en primera línea durante esta pandemia en el laboratorio, donde llegan las muestras, se hacen los PCR, etc.

Mis hijos también han contribuido, no donde les paguen más plata sino con esa voluntad de ayudar a los demás. Como me han visto toda la vida siendo dirigente, me dicen que están orgullosos pero que ya es hora de cortarla.

En la tercera historia, Patricia Mazua nos narra su experiencia como dirigenta social de la Villa El Estanque, en Peñalolén.

Patricia tiene 70 años, es madre de dos hijos y abuela de tres nietes. Nos cuenta que en su tiempo libre le gusta ver televisión, así cómo tejer y la costura. En su comunidad hay un 80% de vecines que son adultes mayores, situación que le genera preocupaciones.

PMa: Por cosas del destino soy presidenta de un centro de desarrollo. Esto, más tarde me llevó a organizar a mis vecinos, y así acabamos generando un club de adulto mayor con 30 socios, en el cual también ejerzo un rol de liderazgo siendo la presidenta.

Después de un tiempo conocí a Felipe [Araya] y Juanita [Ávalos] de la oficina de Verde Azul. Junto con ellos hicimos el proyecto de mejoramiento y para variar también salí presidenta, quizá debido a toda mi experiencia previa.

Esto me gusta, ser dirigenta.Al final, conozco a todos mis vecinos y me llevo bien con la mayoría. No tengo problemas en la municipalidad; he tenido sintonía con los vecinos, con la Entidad Patrocinante, con el adulto mayor y  con el resto de los dirigentes. Creo que esto se debe en gran parte a que soy empática y escucho.

Las habilidades que aprendí desde este rol son el saber escuchar, rescatar lo positivo y siempre con una sonrisa al estar con mi comunidad.También es muy importante para las personas que empiecen a dirigir espacios vecinales el mostrar amabilidad y respeto máximo, tomar decisiones en conjunto, y nunca escuchar comentarios mal intencionados puesto que una debe estar por encima de eso.

Nuestra última historia en esta Semana de la Dirigenta corresponde a las vivencias de Ana Luisa Cabezas, con quien tuvimos el placer de trabajar en proyectos tras el terremoto del 2010.

Ana Luisa es una mujer cuya vida ha sido marcada por una gran actividad en roles sociales, a la vez que ha mantenido un núcleo familiar muy fortalecido: tres hijes y cuatro nietes. Su pareja, Patricio, fue oficial de Carabineros, pega que les llevó a recorrer Chile entero.

ALC: Ser dirigenta, tengo la vocación en mis genes: mis antepasados -padres, abuelos, bisabuelos- fueron todos grandes servidores públicos en mi querido y amado pueblo de Maipo, en la comuna de Buin. Nos transmitieron el trabajo social, la solidaridad, el respeto, la vocación, y, sobre todo, la valorización hacia todos los vecinos de nuestra comunidad, siempre fuimos muy allegados a ella.

La gran experiencia que me ha dado ser dirigenta, la he tenido a través de la Agrupación Patrimonial Maipo Renace, en la cual hicimos un programa de radio que se llamaba Maipo Renace, donde también sacamos un libro con la historia de nuestro pueblo y reflotamos un diario que circuló en 1897, salvando así nuestra historia, rescatando nuestro patrimonio. En conjunto con la junta de vecinos hicimos una inmensidad de cosas en torno -de nuevo- al patrimonio, porque como siempre digo, un pueblo sin memoria está condenado al olvido. Tratamos de mantener nuestra historia para que las nuevas generaciones sepan dónde viven.

Pertenecí al primer Consejo de la Sociedad Civil, el famoso COSOC, y representé a una comuna completa. En él logramos mucho, pero yo desgraciadamente no seguí; la ignorancia cívica de los dirigentes hace que cometan errores, no sepan a quiénes representan, y es una de las armas que usan las autoridades: usan el ego, la ignorancia cívica, el individualismo y el asistencialismo, matando así el impetú de las personas que quieren hacer muchas cosas. Por esto hemos de tener claro como dirigentes qué es lo que queremos, y tener presente que somos la voz de una comunidad frente a las autoridades.

En la comunidad El Buen Vivir, que es una comunidad ecológica, hemos hecho muchas cosas: hasta febrero teníamos un programa con el mismo nombre. Esto me sirvió mucho para conocer y estar en contacto con mucha gente. Me ha hecho crecer como persona, sobre todo ganándome el respeto de la comunidad en sí, y de las autoridades.

El ser dirigenta a una le enseña a conocer la alegría, la tristeza y la decepción. No todo es fácil ni hermoso siempre: la tristeza se siente cuando las cosas no se dan, y la decepción de no poder cumplir con cosas por la burocracia de este país, que es una gran pandemia.

Uno de mis lemas siempre fue no jugar con las expectativas de los demás: si se puede hacer, encantada, si no es posible, se dice; no se juega con las expectativas y para eso hace falta honestidad y transparencia. Además hay que ser respetuosa con el resto de personas y trabajar de manera transversal por un bien común, sin involucrar la política contingente. Esto último es fundamental, tener claro que todas las autoridades pasan y una como comunidad es la que queda. Yo lo llevaba a la práctica, trabajaba con todos los políticos sin involucrarme en la política per se.

Para mí los dirigentes son los pilares fundamentales de los municipios: somos nosotros los que damos el soporte para hacer las cosas, los que conocemos la idiosincrasia de cada lugar. En otras palabras, le hacemos la pega total al municipio por vocación y por amor al prójimo y sin ganar nada de dinero, y esto es muy importante. Por esto una aprende a tener la sabiduría, la fuerza y la fortaleza para seguir adelante pese a los problemas que se vayan dando, y además aprende a trabajar en conjunto, a ganarse el cariño, el amor y el respeto de una comunidad.

Como ven, en las vidas de estas cuatro mujeres hay una gran sabiduría; cada una ha ejercido roles de dirigencia social desde experiencias y lugares muy dispares, y aún así, ciertas ideas, sentimientos, habilidades les son comunes a las cuatro.

Desde el equipo de Verde Azul les agradecemos enormemente su tiempo y dedicación para generar este relato, y queremos seguir manteniendo nuestra relación de la que tanto aprendemos.

Por último, gracias, y feliz día dirigentas.