Conversando entre nosotres sobre la realidad que nos muestra el Covid-19

julio 7, 2020 1:08 pm

Como bien saben estamos viviendo meses catalogados como complejos, difíciles, precarios, vividos con incertidumbre… Bien claro está que podemos extender hasta el infinito la lista de adjetivos con connotaciones pesadumbrosas. También son meses donde nos estamos dando cuenta de nuestros privilegios; es decir, si somos afortunades hoy día tenemos ciertas cuestiones aseguradas, como la opción de teletrabajar, poder pagar nuestro arriendo, etc. Todas las personas nos hemos visto gravemente afectadas por la crisis, pero en diferente magnitud, y esa imagen genera un profundo desasosiego en nuestra comprensión colectiva de nosotres y las demás personas: sentimos la inequidad y la injusticia social que achaca a la población chilena.

Queremos compartirles una conversación que tuvimos en un auto la pasada semana, de camino a nuestras comunidades amigas en Puente Alto – la villa San Miguel y la villa Caleuche-, para quienes toda ayuda es necesaria. En esa instancia, intentábamos reflexionar sobre todas estas cuestiones, sobre nuestro aporte, sobre el porvenir.

J: Desde la oficina estamos tratando de colaborar con aquellas familias y comunidades que han trabajado con nosotres a lo largo del tiempo, y de las cuales sabemos que están pasando necesidades. Tratamos de aportar un poquito, pero la verdad es que las necesidades son muchas. Hemos tratado de cooperar con las juntas de vecines para sus ollas comunes, también para personas mayores que viven solas, gente con diversidades funcionales o personas cesantes con familias y que no tienen el dinero hoy día que les permita comprar sus servicios básicos como el gas.

La ayuda sigue siendo súper poca para la necesidad que una encuentra en las calles y en la comunidad, para lo que escucha a través de los y las dirigentas o de las propias familias. Obviamente las familias agradecen un montón lo que se aporte, pero quedamos con la sensación de poder tener más para ayudar un poco más.

P: Claro, esta cooperación que realizamos, desde el propio equipo de Verde Azul o de lo que nos va llegando de otras personas que quieran ayudar, es un granito de arena dentro de la inmensa necesidad que existe. A mí lo que me remueve es que esta ayuda sea necesaria, que se haga tan necesaria la ayuda entre personas lejos de los sistemas institucionales, ya que es un reflejo de la lógica estructural que existe en nuestra sociedad, y que está fallando.  Se derrumba más bien.

J: Sí. Además se agrava cuando hablamos de grandes números de familias en necesidad, y de sectores que actualmente viven en hacinamiento: en una misma casa viven tres o cuatro familias, esto hace muy compleja la situación en caso de que las personas que trajesen el dinero al hogar ahora hayan perdido sus trabajos, porque ahí tienes siete, ocho integrantes del núcleo familiar que necesitan comer, que necesitan servicios. No hay un sistema detrás que ayude, que sostenga durante el tiempo de confinamiento.

Lo que yo destaco de esta situación tan terrible es la organización y la capacidad de cohesión que tienen entre vecinos y vecinas, son súper solidaries: armando ollas comunes, haciendo pan, consiguiéndose pañales, lo que haga falta. Potencian su unión para intentar sobrevivir a la situación vulnerable en la que se encuentran.

Por eso para nosotres es más fácil distribuir las ayudas que nos llegan directamente a las ollas comunes que hacerlo individualmente. Si tratásemos de llegar a cada familia, se nos haría una labor incalculable y no dispondríamos de recursos suficientes; pero al aportar a las ollas comunes podemos beneficiar de una manera colectiva a la vez que damos más fuerza a esa unión vecinal que tan rica es frente al sistema individualista.

P: Esta fuerza colectiva es algo recurrente en la sociedad chilena. Sobre todo en aquellas comunidades que siempre han tenido falta de acceso a los servicios más básicos. El Covid-19 ha sacado la precariedad a la luz, pero ya estaba ahí y tras el Covid, seguirá estando ahí. A veces intento reflexionar qué podríamos hacer como sociedad para que estas familias dejen de sufrir tanto cada vez que haya una crisis. Es decir, intento pensar qué mecanismos podríamos empezar a trabajar para que la cohesión social espontánea sea sólo otra herramienta más, pero que haya un apoyo más marcado de carácter estatal, o formalizar ciertos aspectos que vemos ahora para que se disponga de ahorros colectivos… No sé, estrategias para que no se repita la situación actual.

J: En realidad cuando aparecen estas crisis es cuando recién descubrimos el resto de personas la gravedad del hacinamiento que existe en una ciudad como Santiago, la cantidad de familias que viven en condiciones ilegales o irregulares, la falta de trabajo a la que están expuestas. Antes de la pandemia ya habíamos visto a través del estallido social chileno la inestabilidad social y económica, fue un grito de no estamos bien, fue descubrir realidades precarias que quizá desconocíamos – o quizá queríamos no ver- pero que estaban justo a nuestro lado, cohabitando las mismas ciudades. Y ahora está totalmente reflejado este contexto en la forma en que la pandemia nos está afectando: no estábamos preparades para una situación de crisis sanitaria, no de manera equitativa, no con las mismas fuerzas.

Esto debería servir para cambiar nuestras políticas sociales de hoy en día, que se redactaron hace ya tiempo y no han cambiado las cosas, además de que no trabajan con la realidad actual. Somos una sociedad profundamente desigual y hemos de trabajar a favor de cambiar esto. Creo que lo positivo de esta crisis, lo único positivo dentro de tanto adjetivo negativo, puede ser el cambio en dichas políticas. Ahí es donde tenemos que encaminarnos ahora, con lo que está pasando como testigo de la necesidad de cambio.

Contáctennos para colaborar con nuestras comunidades amigas,
¡toda ayuda es necesaria!