Conversando con Patricia Medina, dirigenta social de la población La Bandera

julio 24, 2020 1:18 pm

Hoy les queremos compartir una conversación con Patricia Medina, dirigenta social de la población La Bandera, en la comuna de San Ramón, en el sector sur de Santiago. Esta villa se remonta a 1969, cuando surgió a partir de una cohesionada y popular toma de terrenos, lo que le confiere una historia comunitaria fuerte y valiosa.

Venimos trabajando con esta comunidad desde el año 2016 en diversos mejoramientos técnicos de sus viviendas, y se han forjado lazos de apoyo y ayuda bien fuertes, hoy más que nunca sentimos la solidaridad y la conexión con sus vecinos y vecinas.

Buen día Patricia. En primer lugar, nos gustaría que se presentase a sí misma: qué características le definen o qué aficiones tiene, por ejemplo.

Yo soy Patricia Elisabet Medina Contreras, tengo 66 años y hace 5 años dejé de trabajar, pero desde mucho antes ya estaba en la organización social de mi población. Tengo 4 hijos, profesionales gracias a Dios: dos ingenieros industriales, una agrónoma, y un químico farmaceútico, que en este momento se encuentra trabajando en primera línea en el hospital San Juan de Dios.

Lo que más me gusta hacer cuando estoy desocupada es tejerle algún chaleco a uno de mis tantos nietos, como en este momento que ya logré conseguirme lanita y voy a empezar a tejer un suéter para el más chiquitito. Como son tantos, tengo que irme en una rueda: empiezo por el más grande, que es el que más me cuesta y más flojera me da tejer.

¿Cuándo comenzó usted a sentirse involucrada en el ámbito social, en los roles comunitarios? ¿Cómo es su labor social?

Fotografía cedida por Patricia Medina: antes de tener sede social, con la senadora Soledad Alvear, quien la ayudó en gran medida.

Yo trabajé muchos años para el Hogar de Cristo, con el padre Polete y con Benito Baranda, y con otra gente en el departamento para conseguir recursos para el Hogar. En ese tiempo, empecé a ver que mi población estaba fea y horrible, llegaba y me daba depresión: veía los edificios sin bajadas de agua, todos descascarados. En ese momento se me ocurrió postular al Fondo Social para conseguir algunos arreglos, en mi block y en los que estaban más cerca de mí. Recuerdo que por eso, un vecino me dijo que por qué me metía con los otros block, que consiguiese para el mío y listo. Encontré este comentario de un egoísmo y de una falta de solidaridad con sus propios vecinos, que hice todo lo contrario: empecé, con muchas dificultades y muchos detractores, a conseguir arreglar los primeros edificios a través del Fondo Social Presidente de la República.

Después, como toda la gente vio que se arregló un bloque, vio cómo lo hicimos, y en consecuencia surgió la voluntad colectiva de construir la organización de Mejoramiento de Vivienda la Esperanza. La idea, el objetivo, era crear un comité que fuera eficiente para recuperar la calidad de las viviendas.

Ahí empecé a contactar con EGIS que trabajasen organizando los edificios, y de esto hace ya muchos años. Tras varios contactos con otras EGIS -que me parecieron muy chantas, muy irresponsables-, conocí la oficina de Verde Azul, y se forjó una dinámica de trabajo que ha durado muchos años, mucha parte de nuestras vidas. Por ejemplo, a la Juanita [Juanita Ávalos, socia y social] la conocí esperando a su niñito mayor, y ahora ya está grande.

Teniendo en cuenta el carácter histórico de lucha social que existe en su población, ¿cree usted que antes de que se lanzase usted a empezar los proyectos, los vecinos se sentían en comunidad?

Cuando yo empecé con los proyectos importantes con Verde Azul, a reparar en cantidades importantes de departamentos, la gente no creía que lo que yo decía podía ser verdad. Incluso pensaban que yo era una estafadora, ante lo cual yo les decía que cómo les iba a estafar si lo que tenían que hacer para postular era depositar 3 UF en el Banco Estado, y que cómo yo les iba a sacar esa plata.

Bueno, un grupo grande de personas confió y con esta iniciativa pudimos comenzar a postular por el mejoramiento de nuestras viviendas, pero hubieron otros grupitos que le dieron la vuelta e inventaron cosas. Sin embargo, tras ver que era verdad nuestra buena voluntad, empezaron incluso a pelearse los cupos, pero por turnos ahora, ya no se podían presentar todos los departamentos en un solo proyecto.

Ahora la gente no quiere que me vaya, les he presentado otros candidatos pero me dicen que nadie lo va a hacer con la dedicación que puse yo. Hace falta gente joven que quiera involucrarse y hacer servicio a la comunidad. Yo ya tengo en mi radar de dos personas jóvenes

¿Cómo siente que fue el trabajo con la oficina de Verde Azul?

Ahí con la ayuda del Felipe y la Juanita, que han sido súper aportadores, fuimos trabajando y presentando los proyectos necesarios de manera continua. Se presentaron proyectos, como por ejemplo para cambiar los techos ya que casi todos los edificios se llovían; en muchos departamentos situados en los cuartos pisos, cuya situación era de abandono, la lluvia que entraba era tanta que las losas que separaban esos pisos con los de abajo se agrietaban. Hacía falta harto trabajo, y se hizo.

Trataremos siempre de trabajar con Verde Azul, porque siempre son bien responsables. Alguna vez hubo fallos de traspapeleo de carpetas o demoras así, pero la confianza hace que sepamos que dan su máximo.

Aquí vemos el antes y el después de la intervención que realizó el equipo de Verde Azul junto a la constructora Isla Grande.

Registro fotográfico de una de las asambleas durante los procesos de postulación con Verde Azul

Con la situación que estamos viviendo, primero el estallido social, ahora más de cuatro meses desde el surgimiento de la pandemia del Covid-19, ¿cómo se encuentra su comunidad? ¿Qué consecuencias tiene el confinamiento obligatorio que existe en la provincia de Santiago?

Acá en el block donde yo vivo, en este momento hay dos departamentos con casos de Covid-19, más dos anteriores que ya estuvieron. Esto nos ha generado hartos problemas con algunos vecinos, porque -en algunos casos- se genera muy poco control, la preocupación por la salud comunal que se comparte, es nada, nula.

Además, hay falta de trabajo, de ingresos. Hay mucha gente joven sin trabajo en mi comunidad. Hay casos y casos, donde las familias sólo tienen una persona que les proporcione ingresos, y buscándosela aunque sea trabajar de puertas para dentro, para tener algo de dinero y comer. También hay muchos adultos mayores que viven con pensiones mínimas y cuyas familias no les están yendo a visitar. Les falta la seguridad de poder conseguirse su mercadería sin enfermarse, y la plata para hacerlo: desde gas, alimentos.

El apoyo a los vecinos con síntomas y encerrados en sus casas tiene que surgir de nosotros, de los que vivimos en el mismo blog, porque, como ejemplo, ya llevamos diez días y no ha venido nadie del CESFAM o de la Municipalidad a ver o sanitizar, ver si hace falta algo para las familias, nada de ayuda. En la televisión te muestran una preocupación, te muestran que es importante conocer la trazabilidad; pero en mi block ni siquiera hicieron la prueba del PCR a las personas encerradas con síntomas. Es un abandono total por parte del Estado, una no puede creer que sea así. Tenemos un alcalde muy desprestigiado, ¿pero qué pasa con el resto de personas dentro de la Municipalidad? Se suma además que las Fichas Sociales de Hogares no están al día, tienen que ir las personas en persona a arreglar la ficha, muchas personas no se manejan en lo digital, y se suma la desinformación.

¿Cómo cree que la comunidad se está ayudando entre sí?

No hay casi apoyo para la gente, es desesperante. De una u otra manera los vecinos nos hemos coordinado para traer mercadería a las personas en cuarentena por síntomas: les compramos las cosas en la feria, y les tocamos en la puerta y ahí tienen su ayuda.  Pese a lo difícil que está salir a la calle, yo intento ayudar en lo que puedo a los vecinos que están más complicados, colaborar entre todos para apañar.

En la olla común, para todas las familias que no tengan apenas ingresos, hay distintas personas aportando, mis hijos por ejemplo, o una amiga mía que el otro día nos trajo sacos de lentejas y se preparó eso. En el comedor siempre nos falta harina, porque se hace pancito. Hay una empresa que ha estado ayudando con cosas, y prometió traernos sacos de harina y ahí están los chiquillos esperando esos sacos para poder amasar. La harina siempre nos sirve porque se hace pan. O legumbres, pero claro, para hacer almuerzos para 150-180 personas, es harta la legumbre que se necesita.

Para finalizar esta conversación, nos gustaría pedirle desde el equipo de Verde Azul una última reflexión, que nos invite a pensar de la manera decidida y proactiva con la que usted ha dirigido su comunidad.

Fotografía cedida por Patricia Medina: comité de Navidad de hace 30 años aproximadamente.

En todo lo que una emprende en la vida, y como mujer además, ya sea criando hijos, educándolos, en el compromiso social, como dirigente, siempre una tiene que poner lo mejor de sí. Y como decía el Padre Hurtado, para quien yo trabajé muchos años, “la alegría está en servir” y lograr buenos resultados, ya sea en el ámbito personal, con lo hijos, en el ámbito social, entre los amigos, entre la familia; asiempre hay que ponerle todo para que las cosas resulten.

Yo llevo ya como 30 años o más en esto, mi primera organización fue en plena dictadura creando comités para fabricar juguetes para Navidad, tengo fotos hermosas como recuerdo. Y estos recuerdos, los logros conseguidos, te indican que para seguir hay que querer siempre que las cosas resulten, y para que eso pase hay que ponerle empeño, constancia.