Conversando con Felipe Araya, socio co-fundador de Verde Azul

septiembre 2, 2020 12:19 pm

Desde Verde Azul sentimos el compromiso firme de mantener actualizada nuestra información, de compartir noticias de relevancia hacia el exterior de nuestra empresa, de mantener una comunicación dinámica y honesta con todas aquellas personas que nos quieran conocer un poco más. Llevamos meses mostrando la faceta social que tiene nuestra oficina, el trabajo del equipo en conjunto con las comunidades y sus dirigentas. Esta labor nos llena de orgullo y sentimos la necesidad de compartirla por lo invisibilizada que es en muchos ámbitos.

Sin embargo, el laburo diario se ve ampliado por muchas más actividades que tienen que ver con la mantención y producción de las viviendas: desde el diagnóstico previo, los trámites institucionales, la elaboración de los proyectos arquitectónicos, etc; nuestro equipo nunca para con el objetivo de conseguir la mejor calidad habitacional en el menor tiempo posible a las familias.

Con este motivo, hoy les compartimos una entrevista a uno de los tres socios fundadores, Felipe Araya, con la que queremos mostrar su visión sobre Verde Azul a través del tiempo pasado y del que está por venir.


Buen día Felipe. Si estuvieses ante un grupo desconocido y tuvieses que presentar a VerdeAzul como si fuese una persona, ¿qué dirías? ¿Qué adjetivos utilizarías?

Verde Azul es una empresa empática y proactiva, que tiene bastante experiencia – 11 años – y ha sabido reinventarse en el tiempo en ciclos de 4-5 años aproximadamente para seguir prestando servicio y seguir siendo un referente en soluciones sustentables, en el sentido económico, técnico y comunitario, para las personas que postulan a subsidios del estado. Hoy día está en un proceso de adaptarse a los próximos cinco años con todos los cambios que han venido a nivel político-social.

Lo empático tiene que ver un poco con eso, con entender a las familias versus sus necesidades, y ver cómo nos relacionamos con ellas más como colaboradores que como profesionales que imponen cosas. Entonces, ser empático es parte fundamental de VerdeAzul hoy en día.

¿Qué aprendizajes nombrarías ahora como valor seguro para las familias que quieran postular junto con nosotres?

Hay una lógica de producción que responde a un sentido más de cooperativismo: independientemente de que nosotros seamos una empresa, junto con las familias con las que trabajamos hay una suerte de asociación en la que ambos vamos poniendo un ritmo de trabajo para un objetivo común. Ósea nosotros trabajamos para las familias, pero con las familias, en otras palabras, si es que hay un interés muy fuerte en las familias, y muchas ganas de producir y de que esto salga rápido, nos movemos rápido; si en verdad los grupos o los comités con los que trabajamos están bastante desinteresados y esto no les motiva mucho, nos movemos a ese ritmo. Al final del día hay una especie de simbiosis entre lo que hace la oficina y el trabajo de las comunidades con las que trabajamos. Les enseñamos a las familias sobre el cómo desarrollar un proyecto y con ello, el éxito no pasa por alguien que les haga las tareas, en el sentido de que, o lo hacemos juntos o esto en realidad no funciona.

Para nosotros, los distintos territorios en los que trabajamos nos proporcionan distintos aprendizajes sobre formas: con Camila [Camila Barreau, socia co-fundadora y arquitecta] se tocó un poco el trabajo patrimonial en la zona rural o semi-rural del Gran Santiago; después aprendimos a trabajar en condominios o en barrios con distintas complejidades, ya sea por su desfavorable disposición urbana, sumada a un bajo nivel de ingresos económicos de las familias que allí habitan, como Bajos de Mena o, el vínculo con comunidades más acomodadas, que tienen otra tipo de requerimientos, como sectores de Ñuñoa… Entonces, hay un aprendizaje sobre las formas de vida y de organización según los distintos tipos de comunidades dentro de Santiago (son todos bastante disímiles), lo que ha enriquecido nuestra forma de poder abordar cada caso: sabemos que la parte social o comunitaria no puede interactuar de la misma forma cuando estamos en un proyecto rural o en zona urbana en las distintas comunas.

Claro, enlazando con las diferentes tipologías de proyectos que se han abarcado en estos once años… ¿Qué capacidades crees que ha desarrollado la experiencia de trabajar con programas como el Programa de Protección del Patrimonio Familiar (PPPF) en el equipo de VerdeAzul? ¿Crees que se ha llegado a cierta multidisciplinaridad en el equipo?

Con respecto a la multidisciplinaridad del equipo, siento que efectivamente ha habido una evolución, pero no es tanto dentro del equipo sino con respecto a los distintos actores y organizaciones con los cuales nos toca trabajar. Tanto en el PPPF como en el trabajo mano a mano con municipios, con organizaciones sociales, con comunidades activas; hemos de desarrollar ciertas actividades logísticas para poder cumplir con estos compromisos. También tenemos en cuenta nuestras otras contrapartes: el Estado, Serviu, SEREMI, Ministerio, constructoras, distintas especialidades, etc. Al final del día, cuando trabajamos en general para un proyecto, pasamos por más de dos o tres organizaciones en el PPPF y por casi 35 cuando hablamos de Fondo Solidario, entre instituciones públicas, privadas, las que tienen relación con los servicios de agua, electricidad, etc.

Por tanto, la complejidad de un proyecto -aunque sea simplemente cambiar el pavimento de una casa o reparar estructuralmente un edificio- es tan amplia que, claro, hemos tenido que desarrollar habilidades y ampliar nuestro conocimiento para poder desarrollar estas cosas. El aprendizaje político que ha tenido tanto el equipo de arquitectura como el equipo social nos ha permitido hoy día, hacer los proyectos de mejor calidad y más rápido. A pesar de los cambios que ha habido en la política habitacional, que se traducen en cambios de formato, de planos, de algunas cosas más formales; las dinámicas de organización o de gestión no cambian en el tiempo, y eso es un valor que ha adquirido Verde Azul en los once años de trayectoria que, independientemente de los cambios en políticas habitacionales, nos permiten continuar funcionando plenamente.

Siguiendo esta reflexión final: si el trabajo se ve afectado por los trámites y diálogos con ese abanico de entidades, un cambio en la política habitacional ¿puede modificar todo el engranaje de funcionamiento o los mismos límites de actuación de Verde Azul? ¿Cómo se ha visto el trabajo de la Entidad Patrocinante afectado por los cambios en los programas subsidiarios?

Puede afectar en principio, sí. Pero más que al trabajo interno, afecta un poco a nuestra relación con ciertas comunidades. Varias veces en nuestra trayectoria hemos tomado la decisión de trabajar con programas que no son rentables económicamente, pero que consideramos que tienen valor social o que son muy necesarios para las familias. Esto ha implicado para nuestra oficina, una especie de subsidio a las políticas habitacionales mal diseñadas, dado que el trabajo no cubierto por el subsidio lo hacemos a costa nuestra. Lamentablemente, cuando ya se trata de programas que son muy intensivos y que logramos pagar el trabajo y tiempo que conllevan, hemos terminado dejándolos de lado -como nos pasó con Patrimonio o nos está pasando con el mejoramiento dentro de las casas. Trabajar en programas mal diseñados afecta al funcionamiento más desde el punto de vista económico que de gestión, porque por mucho que tratemos de abaratar los costos, atenta contra nuestra idea es ir mejorando la calidad de nuestro trabajo, la remuneración de los equipos profesionales, de cuidar el ambiente laboral. Intentamos no precarizar el equipo para tratar de cumplir con ciertos programas públicos o políticas habitacionales que no dan el ancho necesario. Concluiría diciendo que afecta en el ámbito técnico-económico, o sea, de la sostenibilidad de la oficina y, también, que los cambios de decreto suponen procesos de aprendizaje naturales y necesarios que duran de tres a seis meses, tras lo cual se alcanza un aprendizaje y dominio del nuevo programa; es una curva de aprendizaje simple.

A modo de cierre, si tuvieses que describir hacia donde quiere VerdeAzul encaminarse en la próxima década, ¿qué nos dirías?

Mirando al futuro… Mira, no sé si la próxima década pero para el próximo lustro queremos embarcarnos en nuevos rumbos, como un proyecto complejo de obra nueva que estamos viendo ahora mismo. Creemos que nuestra capacidad de adaptarnos en estos últimos años 10 años y de adquirir habilidades, especializarnos y ser buenos en ellas, es algo que seguramente vamos a mantener en el tiempo y todo eso funciona en base a tener buenas asociaciones, tanto con las comunidades que trabajamos como con otras organizaciones y profesionales. Siento que Verde Azul es una plataforma donde no necesariamente tenemos los conocimientos de las cosas que queremos hacer, pero sí tenemos la capacidad de gestionar los conocimientos que existen, asociarnos con ellos, y desarrollar propuestas no sólo en Santiago sino en regiones; y sin necesidad de crecer ni ser una mega oficina, manteniendo el mismo tamaño, la estructura familiar que tenemos hoy. Siento que esta capacidad de coordinación que hoy día tiene todo el equipo, y de explicarse, explayarse y gestionar sobre todo, es lo que nos permite abordar distintos desafíos -incluso proyectos que hoy en día no conozcamos- en cualquier lugar de Chile.

Muchas gracias Felipe por tu tiempo y por la conversación.

Entender los aspectos más técnicos y burocráticos del trabajo de Verde Azul es necesario para comprender el desarrollo de hábitat, así como para encontrar espacios de innovación habitacional. Es un abanico grande de aspectos y facetas, todas ellas necesarias para fortalecer las viviendas existentes, las nuevas que se construirán, y los barrios y las comunidades que viven en ellos.