Conversando con Ana Luisa Cabezas, líder de la Agrupación Patrimonial Maipo Renace

abril 21, 2020 2:46 pm

Desde Verde Azul creemos que todas las personas con las que hemos trabajado, dentro y fuera del equipo profesional, han aportado en gran medida a generar una visión profunda no sólo de nuestro quehacer sino también de nuestra forma de entender la vida. Por esto con estas conversaciones queremos ir profundizando en diferentes temáticas que hemos trabajado en estos once años de trayectoria laboral.

Hoy conversamos con Ana Luisa Cabezas Rojas, figura líder de la comunidad maipina con la que trabajamos tras el terremoto del 2010. El pueblo de Maipo se vio gravemente afectado por dicho sismo y su patrimonio habitacional sufrió en consecuencia, por lo que un joven Verde Azul trabajó codo con codo con Ana Luisa y sus vecinos y vecinas, llevando a cabo procesos de reparación y autoconstrucción de las viviendas históricas damnificadas.

La dedicación comunitaria de  Ana Luisa y sus conocimientos sobre patrimonio, nos parecen valores muy importantes de los que aprendimos en aquel entonces, y por esto queremos compartirlos con ustedes.

Buen día Ana Luisa. Como presentación, ¿cómo se describiría a sí misma, en lo personal y en lo laboral y/o comunitario?

Mi nombre es Ana Luisa Cabezas Rojas, tengo 69 de años. Nací un primero de enero del 51, ¿se imagina? Le compliqué la vida a mi familia.

Soy casada, tengo tres hijos y cuatro nietos: Patricio, el mayor tiene 45 años, y tiene dos hijos, Renato y Consuelo; después viene Bárbara que tiene 38 y tiene una niñita de siete años; y Macarena tiene 36 años y tiene un niño de cuatro que se llama Fernando. Mi marido tiene 71 años, se llama Patricio Manzor Fournet, él fue oficial de carabineros. Con él recorrí  todo, todo nuestro país, todo el sur de Chile, a través de la institución, una muy linda y grata experiencia.

Yo nací en Santiago, de una familia de doce hijos, mi padre fue veterinario, mi abuelo general del ejército, mi madre dueña de casa. Mi familia paterna proviene de Maipo, de un sector rural sur en la comuna de Buin. Este pueblo tiene 435 años y aquí está radicada la familia. Mi educación básica la hice en Santiago, en el Liceo 1, y después estuve en la universidad estudiando Historia y Geografía, pero no me recibí porque en el año 70 estaba todo muy convulsionado, así que me salí y después vino el amor y me casé y todo. Con mi marido recorrí el sur con los servicios que a él le correspondían, pero ahí hubo un intervalo que estuve trabajando en el Congreso, de secretaria de unos parlamentarios, y eso me llevó a la acción social más tarde. Después nos radicamos en el año 80 en Maipo, para hacerlo definitivo en el 86 tras el retiro de mi marido. Yo vivo en una casa que es familiar, en 1897 la bisabuela la compró a la Gobernación, vivo por tanto en el edificio que fue la Gobernación de la Provincia del Maipo.

¿Cómo ha sido su proceso para llegar a convertirse en dirigenta? ¿Qué factores externos o personales, la han ayudado o potenciado en esta labor? ¿Cómo surgió, durante ese proceso, la relación con el equipo de Verde Azul?  ¿Siguen en contacto?

He sido una mujer siempre muy luchadora, he luchado por el patrimonio, por la historia de nuestros terruños, por mantenerla viva, porque un pueblo sin memoria es un pueblo condenado a morir. Mi experiencia ha sido a través de la acción social, de la junta de vecinos. Armé una agrupación que se llama Agrupación Patrimonial Maipo Renace, para conservar nuestro patrimonio. Del 2009 al 2018 estuve a cargo de la junta, y pertenecí al COSOC (Consejo de las Organizaciones de la Sociedad Civil) cuando se conformó en el año 2011. Esto me ha llevado a luchar y trabajar por el bien común, enmarcado también en resguardar nuestra historia y patrimonio.

Como factores que hayan ayudado, lo primero es la credibilidad en una, por tantos años de conocernos, por la forma de ser… Es una cosa muy amplia, pero la honestidad y el respeto, el valorar a los demás y no jugar con la credibilidad del resto son lo más importante. Cuando uno se compromete, tiene que cumplirlo, eso a mí me lo enseñaron en casa. Mi propio abuelo fue quien creó la primera junta de vecinos en el año 50, siempre fueron solidarios y allegados a la gente; a pesar del carácter señorial del pueblo, siempre decían: todos nos merecemos el mismo respeto pero cada uno tiene que saber en qué lugar está. Y yo me he ganado el respeto de la gente porque he logrado lo prometido, no he jugado con las expectativas de la gente: o sí o no,  si no se puede hacer se busca otra cosa.

La conexión que yo tengo con la EGIS –así le llamábamos, creo que ahora le cambiaron las siglas- Verde Azul fue después del terremoto, ya que nuestro pueblo quedó destruido. Fue lamentable y triste verlo todo abajo, las casas derrumbadas, la historia enterrada. Pero somos como el ave fénix: volvimos a renacer de las cenizas, y eso fue en gran parte por Verde azul. Nos ayudaron mucho, llegaron como caídos del cielo a nuestro lado, porque estábamos totalmente desorientados, no sabíamos qué hacer, lo hablábamos con las autoridades y ahí apareció Verde Azul. Fueron muy dadivosos, mostrando honestidad y  transparencia, se entregaban del todo; y realmente hicimos maravillas. Sacamos más de 300 subsidios de reparación patrimonial en sitio propio, fue un arduo trabajo, pero a pesar de todos los obstáculos salimos adelante. Y eso me gustó mucho y la gente además creyó en nosotros. Yo tengo un gran cariño a Felipe [Araya] y a Camila [Barreau], ellos son integrantes de la Agrupación Patrimonial  Maipo Renace, me apoyaron y hemos formado lindas cosas. Fue una muy linda experiencia.

En el año 2018 yo me retiré de la junta vecinal, pero con amigos formamos una agrupación ecológica llamada La Comunidad del Buen Vivir: tenemos la ardua tarea de educar a la comunidad en el reciclaje, en la protección del medioambiente, en la recuperación de nuestro patrimonio natural. Hemos hecho muchas cosas, hasta un programa de radio desde la agrupación, sacamos un libro a través de Maipo Renace, sobre la historia del pueblo. Ahí trabajé con un excompañero de mi hija, Víctor Huerta, profesor de historia, y con él sacamos el libro y ahora tendremos que sacar los otros dos tomos, y se llama La reconquista de Maipo.

Debió ser muy interesante investigar sobre la historia de su pueblo, ver como las raíces hoy día siguen siendo muy importantes. ¿Cómo es vivir en un pueblo como Maipo? ¿Qué aspectos positivos y negativos destacaría, tanto en términos personales como de sus vecinos y vecinas?

El hecho de introducirme en la historia de mi pueblo, fue porque siempre me llamó la atención desde niña que era muy señorial. Se hacían grandes fiestas, a fines de enero y principios de febrero se celebraba la semana Maipina, por ejemplo. Fiestas primaverales, o de verano, maravillosos: con calles cerradas, reinas con trajes blancos espléndidos, artistas que venían de Viña, era espléndido. Yo terminé siendo la última reina de la semana Maipina, porque luego ya se unió con la festividad de Buin (estamos a 5km del centro de Buin), y se perdió.

Otra cosa que me interesaba era mi casa: es muy grande y hermosa, deteriorada porque tiene más de 260 años, y tiene un gran escudo grabado de madera tallada con historia. Siempre me llamó la atención lo que contaban las personas mayores, las narrativas y cuentos de las familias, lo que se podía ver en las casas, etc. Y por eso quise investigar y mantener nuestras raíces vivas. Mis nietos son la octava generación en este pueblo, y quería que se sintiesen orgullosos de que vivimos en un suelo patrio, donde ha habido grandes batallas para la independencia.

Pero vivir en Maipo es desgastante, es luchar día a día para que la gente entienda que un pueblo sin historia está condenado a morir. La gente vive el día a día y le da mucha importancia al materialismo, a esta época moderna… y no le dan importancia a la reducción del casco antiguo. Las personas que llegan ahora viene con otra mente, con otra idiosincrasia. Y por otro lado el vecindario antiguo no ha sabido traspasar el cuidado y la historia a las nuevas generaciones, y es triste. Lo negativo es esa indiferencia. Pero lo positivo es que es un pueblo solidario en el dolor y la alegría. Es una mezcla súper rara: la gente vive de forma independiente, enfocada en lo material, tener antes de ser; pero cuando algo le pasa a algún vecino, alguna enfermedad o una alegría, un nacimiento o una desgracia, estamos todos ahí. Nadie se niega a cooperar, a estar presente dando la fortaleza. Es raro pasar de un polo a otro: indiferencia o unión. Es también súper importante recalcar que si hablamos del casco antiguo de Maipo (las poblaciones nuevas son foráneas a la historia) la mayoría somos parientes. A mí por ejemplo desde pequeña me llaman Anita Licha, y no sé quién me lo puso.

Maipo ahora mismo es un pueblo dormitorio. Antes era el eje principal de la provincia de Maipo, en el pueblo existió todo: la gobernación, la alcaldía y la municipalidad, el hospital, el servicio de impuestos internos, el correo… En 1876 instalaron la línea del tren, y la gente empezó a emigrar hacia el lado de la carretera; Maipo dejó de ser el eje central sociocultural y económico. Después el pueblo fue decayendo, la gente empezó a marcharse, y ahora somos el patio trasero de la comuna de Buin –y eso que Maipo fue comuna en 1880 hasta 1924-. Al tener ahora ese carácter de pueblo dormitorio, hay otras preocupaciones; las nuevas generaciones han emigrado la mayoría, hay muy poca gente antigua, y ha llegado mucha gente – somos casi 202.000 personas en la comuna – por lo que Maipo está plagado de villas, de poblaciones, de casas en deuda… A eso se le suma un grave, grave problema, y es que no tenemos plan regulador; hemos luchado por años, pero ya en forma muy enérgica desde después del terremoto. Las autoridades hacen vista gorda porque hay un interés económico y así las constructoras son dueñas de muchos terrenos y estamos perdiendo todo.

Estuve investigando antes de la entrevista, y según los Reportes Estadísticos Comunales, la población de la comuna de Buin en 2017 había aumentado en 30.000 personas en apenas quince años, en buena parte debido  al traslado de familias de Santiago hacia la comuna.

¿Cómo cree que estas nuevas convivencias (con la gente que ha llegado nueva, con las nuevas tecnologías), han afectado la vida del barrio, cómo ha repercutido en usted y sus vecinos y vecinas?

Desgraciadamente, Maipo está dividido en dos: desde el paradero 12 hacia arriba, con todas las poblaciones, y hacia abajo, que está el casco antiguo; aquí las pugnas son terribles. Para las ayudas, ya sabe usted que las autoridades utilizan las masas, el asistencialismo, y la gente se centra en eso, y los habitantes del Maipo histórico se sienten abandonados, hay un revanchismo terrible. Además la política contingente influye mucho: yo siempre digo que hay cosas que están matando la convivencia, como el asistencialismo, el ego, el individualismo y la ignorancia cívica, cuatro cosas que terminan de fragmentar los núcleos familiares y la comunidad.

Además la tecnología es otro problema: mientras abrió la ventana al mundo, aquí en Maipo la gente antigua todavía tiene mentalidad apatronada: si usted no les dice las cosas que hay que hacer o toma la iniciativa, la gente se queda ahí. Es a través de la palabra, del liderazgo, de quién levanta más la voz, si no dice las cosas no se hacen; y en eso estamos retrasados.

Y pese a ser ciudad dormitorio y a las problemáticas de división que hay, como me dice, ¿cree que hay un apoyo, una crianza, un cuidado de las personas mayores? Es decir, ¿siente que queda algo del espíritu comunitario?

Hay una añoranza de la unidad vecinal y comunitaria que había. Todavía quedan esos rasgos en la gente mayor, y algunos padres que han transmitido a las nuevas generaciones algo, el ser maipino: en lo bueno y lo malo, en la alegría y el dolor sale la solidaridad, el compañerismo. Este pueblo fue una cuna de gente famosa, tenemos grandes deportistas, grandes músicos, grandes políticos, escritores, hay de todo. A través de todo el mundo, usted se va a encontrar con alguien de Maipo, y son orgullosos. Pero la gente nueva no está ni ahí, porque no conoce la historia, no sabe dónde está pisando, que aquí es un pueblo con historia y grandes connotaciones. Es la diferencia, pero queda el arraigo comunitario, el resguardo y el sentirse maipino de corazón.

Sobre las redes de apoyo entre los vecinos, ahora mismo tenemos un caso de una familia contagiada con Corona Virus y lo estamos gestionando a  través del teléfono. Yo ya no estoy en la junta de vecinos pero siento que la gente cree en mí y acude a mí para que ayude o pida a otras personas esa ayuda. Si se solicita algo, estamos todos ahí: estamos ayudando a esta familia todos, con plata, mercadería, llamadas telefónicas, con cosas ínfimas pero que teniendo la red de apoyo se puede ayudar. Nos apoyamos mutuamente, es parte de la credibilidad de uno, yo sé a quién puedo acudir, desde gente con poder a gente humilde, nos apoyamos.

Sobre esto quería lanzar dos preguntas. En primer lugar sobre las viviendas del casco histórico, con claro valor patrimonial. ¿Piensa que para las personas que viven en el casco histórico, el tener casas patrimoniales juega un papel importante en su vida? ¿Cree que está adecuadamente recogido por las políticas públicas que las protegen y mantienen?

Vuelvo a reiterar que el individualismo de las personas hace que vivan el día a día, de manera pasiva, y por tanto no preservan, no actúan.

La parte política y patrimonial nada, estamos alejados de la mano de Dios. En el año 2011, con la ayuda de la Camila y el Felipe, hicimos la presentación técnica del expediente al consejo de monumentos para la declaración de zona típica del pueblo. Nos faltó datos y la gente después empezó a dedicarse a sus cosas, se fue el interés post-terremoto. Con las autoridades he tenido grandes problemas, he llegado a figuras como Bachelet o Piñera, luchando para poder tener la declaratoria… He contado con el apoyo técnico no sólo de Camila o Felipe, sino de otros arquitectos, pero al final el pan y circo siempre puede más.

La gente no come con la historia, no come con el patrimonio: el materialismo y el ego siempre pueden más. Nos falta educación. Yo regalé los libros de la historia de Maipo en todos los colegios, solicitamos a través de la corporación de educación que se impartiera un par de horas semanales historia local, que se formara una oficina de Patrimonio. Pero desgraciadamente la autoridad está enfocada en otras cosas, en mantener su popularidad con el pan y circo.

Esto a mí me desgastó mucho, me puse enferma y tuve que salirme de la Junta de Vecinos, tuvo que prevalecer al final mi salud.

En segundo lugar le quería preguntar cómo está siendo la situación con corona virus en Maipo… ¿cómo les afecta las noticias que reciben del resto del país y de la situación mundial, y cómo cree que afectará a la comunidad, para bien o para mal?

Esto va a ser un cambio radical para todo el mundo, un antes y un después. La gente está temerosa, hay gente cruel que confronta a gente supuestamente contagiada, la rechaza, pese a ser en un principio solidaria. Y además tampoco le han tomado el peso real a esto, pasan el día sin mascarilla, pasan a las compras en el pueblo. Mira el centro comercial de Maipo, son cuatro esquinas de la calle principal, está la panadería, un bazar, un restaurant, una frutería, etc; y la gente pasa por esas esquinas feliz de la vida. Como todo chileno, si no está la autoridad encima y amenazando con tocar el bolsillo, las personas no reaccionan.

Yo creo que el encierro obligado nos va a hacer reflexionar, a recomponer nuestras conductas y actitudes, los núcleos familiares, o se van a seguir fragmentando o se van a unir más. Dios nos tiene de rodillas con la frente en el suelo, y así la soberbia del ser humano es atroz, y si no cambiamos nuestra actitud y abramos nuestra mente, con un cambio de conciencia para empezar a vivir de la simpleza de la vida dejando al lado el materialismo, la vida no va a cambiar.

Sí, yo opino que la cuarentena trae consigo reflexión. Aunque me preocupan las familias que no tienen oportunidad de teletrabajar, y que lo van a pasar mal, o aquellas que tienen trabajos informales o que serán despedidas de los formales.

Eso es lo complicado. Este es un pueblo agrícola –aunque no quedan tantos terrenos ya, y la mayoría están vendidos para proyectos futuros de construcción de vivienda-, aquí hay mucho temporero y gente que llega de afuera, trabajan el día a día, son temporadas. La época fuerte es de octubre a abril y el resto del año la gente está parada. Quizá por eso ya habían crecido los robos, el narcotráfico y el consumo de droga, y la gente está parada. Hemos tratado de ayudar de forma muy anónima a la gente, pero tampoco se puede sostener  porque a una tampoco le está yendo muy bien.

Las políticas comunales de ayuda están centradas hacia los más vulnerables, y la mayoría del pueblo de clase media no tenemos acceso a ayuda gubernamental. Esto es lo más reservado y escondido, quienes lo van a pasar más mal. Los quintiles más bajos sí tienen esa ayuda, pero la clase media no, y quizá por orgullo tampoco pide, por dar a conocer su situación, también hay un tema de soberbia de nuevo. Volver a los orígenes más precarios de un golpe no sé cómo se va a llevar, y ya le está pasando a mucha gente.

Fuera de la reflexión van a haber dolores, psicológicos, de orgullo… Y cómo irán a enfrentar eso, he ahí el dilema. No sé si estaremos preparados para volver a enfrentar nuestras realidades.

Muchas gracias Ana Luisa. Ahora, para cerrar la entrevista, me gustaría pedirle una reflexión final que quiera compartir.

Este es el momento en que Dios nos tiene de rodillas para que empecemos a reflexionar, para ingresar a nuestro yo interior y ver qué hemos hecho bien y mal en nuestra vida. Que el materialismo y los egos queden de lado, nos tomemos de las manos y empecemos a caminar, en un mundo más solidario y con equidad. De nada nos sirve la ambición por la plata, porque no se puede comprar nada, la felicidad, la vida o la salud. La ley universal es el amor, y somos todos iguales ante un Dios padre.